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Ascensores de Argentina para todo el mundo

Cómo nació, creció y funciona Servas, la empresa que fabrica elevadores y los exporta desde su planta de Laferrere, en Buenos Aires; la evolución de 40 años de historia y los planes para el futuro.

Podrá sonar paradójico pero en este negocio para ser exitoso importan tanto la velocidad de la subida como la de bajada. La competitividad y el avance tecnológico alcanzaron tal desarrollo que todo es cuestión de segundos.

Fabricar ascensores no es cosa sencilla. De hecho son muy pocos los que lo hacen no sólo en el país sino en la región. En la Argentina, desde hace más de 40 años, existe Servas, una empresa familiar que en su planta de Laferrere produce 900 ascensores por año y exporta más de la mitad.

La historia de Servas empezó a escribirse cuando José Aizpún comenzó a hacer mantenimiento de ascensores. Aunque eso fue hace medio siglo, “en aquel momento ya eran de muy alta complejidad y con su gran capacidad logró resolver problemas que poca gente podía entender. En esa época los ascensores ya estaban cambiando la tecnología que utilizaban”, describe José Ignacio Aizpún, hijo de José, y quien junto a su hermano trabajan en la compañía (los tres ingenieros).

José Aizpún –fundador de Servas y quien aún hoy sigue al frente de la empresa- continuó con la tarea al tiempo que empezó a cerrar acuerdos con empresas internacionales.

“Desde sus orígenes Servas se destacó por las innovaciones tecnológicas y los avances científicos propios, fruto del trabajo de sus destacados ingenieros y de su vinculación con Westinghouse Elevator Co –por aquellos tiempos líder mundial en ascensores-”, relata José Aizpún.

Hoy la empresa fabrica en el país, con tecnología propia y licencias internacionales ascensores de todos los tipos, entre los que se destacan los de muy alta velocidad, como los que viajan entre 4 y 6 metros por segundo que se utilizan especialmente para abastecer edificios de más de 80 pisos y que están instalados no sólo en la Argentina sino en Brasil, Panamá, Chile, Colombia, Perú, Estados Unidos y Uruguay, entre otros países.

Según explican los Aizpún, “más del 90% de un ascensor se fabrica en la Argentina, incluyendo motores, máquinas de tracción, bastidores, cabinas, botoneras, accesorios en todos sus tipos y con calidad de exportación altamente reconocida en plaza”.

Cuando se les pregunta por la cantidad de partes que integran un ascensor, José Ignacio explica que responder a eso es tan parecido como intentan contestar cuántas partes componen un automóvil. “Si mirás con un microscopio, son muchísimas. Lo que es positivo es que en el país se ha generado una industria en la que se fabrican muchas cosas y logramos tener muchos proveedores locales. También es cierto que muchas veces nos vimos forzados a fabricar muchas de las partes porque no aparecen los proveedores locales o cuando hubo problemas con la importación. No quedan dudas de que siempre es importante poder acceder al mercado internacional para poder importar partes que son más complejas o que simplemente son muchísimo más económicas en el exterior porque por una cuestión de escala no tiene sentido hacer acá”, detalla.

La planta de ascensores está ubicada en Laferrere, en la Matanza. Tiene 25.000m2 cubiertos, emplea a 400 personas con un alto porcentaje de ingenieros, profesionales y técnicos. Según explican, los procesos de fabricación son totalmente robotizados.

El modelo para desembarcar en cada mercado varía según el país y el tiempo que hayan tenido para conocer el terreno, comenta José Ignacio. “Tenemos presencia local con subsidiarias propias en muchos países de Latinoamérica, como Chile, Brasil, Panamá, y Uruguay, e incluso en Estados Unidos. En otros países hacemos acuerdos con distribuidores y agentes locales. Lo que tratamos siempre en los países en los que instalamos ascensores es tener algún tipo de presencia local para poder proveer el mantenimiento posterior y que nuestros clientes reciban nuestro soporte”, dice.

Otro de los aspectos que destacan tiene que ver con el cuidado energético.

“Los ascensores Servas son verdes ecológicamente hablando y califican con normas LEED, ya que consumen sólo el 30% de energía de un ascensor convencional. Es importante tener en cuenta que cada 10 KW de potencia instalada necesaria (cada nuevo equipo se suma) implica la necesidad de incrementar 30.000 dólares en construcción de centrales eléctricas y redes de transmisión, y además cada 10 KW consumidos al año implica gastar 16 centavos de dólar por hora (precio internacional), aproximadamente US$5000 anuales. Los elevadores tienen potencias de 5 a 50 KW según su tamaño, por lo que se pueden dar una idea del impacto y ahorro en el combustible necesario para la generación de nuevas plantas generadoras y redes de transmisión.

¿Y los planes para el futuro? “Estamos muy entusiasmados. Cada vez aparecen más cosas e ideas para desarrollar. Se pueden integrar más cosas. Se habla de que todo tendrá paneles solares y energías renovables. Ya hay empresas multinacionales que desarrollan ascensores que no sólo suben y bajan, sino que se pueden mover hacia los costados a partir del mismo pasadizo. Así como alguna empresa está desarrollando esa idea, nos gustaría hacer algo similar. Ojalá el día de mañana podamos estar tan avanzados técnicamente y tener una empresa tan sólida que nos permita desarrollar ideas que el resto del mundo pueda imitar y utilizar, y que sirvan para mejorar la vida de todos”, se entusiasma José Ignacio.

(*) Publicado en Comercio Exterior, de La Nación

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